sábado, 5 de julio de 2008

Un relato para Reflexionar


La Vida Siempre Abre Camino


Cerca de mi pueblo hay un arbolito que surge del centro de una roca. Cuando lo veo no puedo evitar contemplarlo durante un rato y pensar en la fuerza tan enorme que debía tener la semilla para lograr crecer en un medio tan hostil.
Cuando yo era niña había un programa en televisión sobre las plantas, no recuerdo el título pero sí recuerdo el bellísimo mensaje: la vida siempre se abre camino...
En primavera y verano e incluso durante el invierno, cuando observamos la naturaleza, siempre encontramos ejemplos de ello:
- Recuerdo haber visto un olivo en lo alto de una torre, alguien me contó que se cree que algún pájaro llevó allí la semilla. Yo me pregunté cuánta tierra tendría aquel olivo para poder alimentarse.
- En las fachadas de los templos de nuestros pueblos suelen crecer las flores aprovechando cualquier rendija entre las piedras.
- He visto crecer la hierba entre el asfalto y florecer las prímulas entre la nieve.
- Y el musgo y los líquenes se aferran con fuerza a superficies en las que uno piensa que es casi imposible encontrar alimento.
Está cerca el tiempo de la siembra. A veces pienso que en el fondo de nuestro corazón todos le pedimos a Dios que nos siembre en buena tierra, junto a otras semillas amigas, en tierra abonada y fértil y entonces daremos fruto...
¿Por qué exigir tanto? ¿Por qué no dejarnos llevar por el viento o por Aquel que guía el viento, donde Él quiera y tratar, como las plantas, de crecer y florecer allí donde estemos, independientemente de lo que haya a nuestro alrededor?
Recuerdo una película en la que una chica vivía en una casa oscura y triste. Su madre fue a quedarse con ella una temporada y no dijo nada al ver el lugar, pero al día siguiente llevó una maceta repleta de flores. Aquella pequeña planta llenó de vida y belleza la casa.
Y recuerdo a una religiosa que después de visitar una residencia de ancianos y ver el trato que se les daba, pidió trabajo como limpiadora y con su actitud y mucha, mucha paciencia fue transformando la actitud de cuantos trabajaban a su lado...
Una sonrisa, una caricia, una palabra amable y seríamos capaces de hacer florecer cualquier corazón...
Hasta en el duro y seco barro de las tejas puede crecer el musgo: la Vida siempre se abre camino...
Un trozo de teja.

2 comentarios:

Analía dijo...

Que bonita entrada!

Me quedo pensand en esto de que la vida se abre camino en cualquier parte. Es verdad. La Vida, la vida plena, el deseo al menos de vivir plenamente...se abre camino aún en los "terrenos-situaciones-realidades" aparentemente esteriles y sin posibilidades de vida.
Voy aprendiendo a confiar. Ya tener fe, más que en las virtudes de la "semilla" en la eficacia de la tierra y de la mano del sembrador.

Me hizo pensar mucho tu entrada de hoy, y ahora mismo agradecer la vida que se me regala en caminos que no me imaginaba.
Un abrazo.

M. Jose dijo...

La vida...sonrisa, palabra, caricia...todo es creación, por lo tanto Dios.
Precioso relato
Un abrazo
M.José