martes, 10 de agosto de 2010

JESUS TE LLAMA


Jesús ofrece un mensaje muy diferente. No lejos de aquí, Jesús llamó a sus primeros discípulos, así como hoy os está llamando a vosotros. Su llamada exige una elección entre las dos voces que compiten por vuestros corazones, aún ahora, en este mismo monte; la elección entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. ¿Qué voz escogerán seguir los jóvenes del siglo veintiuno? Poner vuestra fe en Jesús quiere decir que vosotros escogéis creer en lo que Él dice, no importa cuán extraño parezca, y rechazáis las pretensiones del mal, no importa cuán razonables o atractivas parezcan.

Pero Jesús no habla meramente de las Bienaventuranzas. Él vive las Bienaventuranzas. Él es las Bienaventuranzas. Si os fijáis en Él, vosotros veréis lo que significa ser pobre de espíritu, manso y misericordioso, afligido, justo, limpio de corazón y perseguido. Es por eso que él tiene derecho de decir: "Ven, sígueme a mí!" Él no dice meramente, "Haz lo que te digo". Él dice: "Ven, sígueme a mí!".

Vosotros escucháis su voz en este monte, y vosotros creéis lo que él dice. Pero como los primeros discípulos en el Mar de Galilea, vosotros tenéis que dejar atrás vuestras barcas y las redes, y eso no es nada fácil – especialmente cuando enfrentan a un futuro incierto y estáis tentados a perder la fe en su herencia cristiana. Ser buenos cristianos en el mundo de hoy puede parecer fuera de vuestro alcance o más allá de vuestras fuerzas. Pero Jesús no se pone a un lado y os deja solos a enfrentar el desafío. El siempre está a vuestro lado para transformar la debilidad en fortaleza. Confiad en él cuando dice: "Te basta mi gracia, que en la flaqueza llega al colmo el poder" (2 Cor 12:9)!

Los discípulos pasaron tiempo con el Señor. Llegaron a conocerle y a amarle profundamente. Descubrieron el significado de lo que el Apóstol Pedro una vez le dijo a Jesús: "Señor, ¿a donde iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6:68). Descubrieron que las palabras de vida eterna son las palabras del Sinaí y las palabras de las Bienaventuranzas. Y éste es el mensaje que llevaron a todas partes.

Al momento de su Ascensión, Jesús le dio una misión a los discípulos y les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues; enseñad a todas las gentes…Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo" (Mt. 28:18-20). Durante dos mil años los seguidores de Jesús han llevado a cabo esta misión. Hoy, en el amanecer del Tercer Milenio, es vuestro turno. Ahora os toca a vosotros ir por el mundo y predicar el mensaje de los Diez Mandamientos y el de las Bienaventuranzas. Cuando Dios habla, habla acerca de cosas que son de la mayor importancia para cada persona, para las personas del siglo veintiuno no menos que para las del siglo primero. Los Diez Mandamientos y las Bienaventuranzas hablan de la verdad y la bondad, de la gracia y la libertad: de todo lo que es necesario para entrar en el Reino de Cristo. ¡Ahora es vuestro turno de ser valientes apóstoles de ese Reino!

¡Jóvenes de Tierra Santa, Jóvenes del mundo: respondedle al Señor con un corazón deseoso y dispuesto! Deseoso y dispuesto, como el corazón de la hija más ilustre de Galilea, María, la Madre de Jesús. ¿Cómo respondió ella? Ella dijo: "He aquí a la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1:38).

¡Oh Señor, Jesucristo, en este lugar que tu conocías y amabas tanto, ¡escucha a estos jóvenes corazones generosos! Continúa enseñando a esta gente joven la verdad de los Mandamientos y de las Bienaventuranzas! Hazlos testigos gozosos de tu verdad y apóstoles convencidos de tu Reino! ¡Acompáñalos siempre, especialmente en esos momentos en que seguirte a Tí y al Evangelio parece difícil y exigente! ¡Tú serás su fortaleza, Tú serás su victoria!

Oh Señor, Jesús, tú has hecho de estos jóvenes tus amigos: ¡manténlos siempre cerca de ti! Amén.

1 comentario:

MARISELA dijo...

Querida hermana Yajaire: ¡tremenda arenga a los jóvenes! Esto es lo que se dice un discurso para antes de la batalla, creo que el que lea estas líneas tan llenas de verdad, pasión y profundidad, no podrá evitar salir tras las huellas que van dejando los que, antes de nosotros, siguieron a Cristo.
Te felicito por la entrada, es lo que necesitan escuchar nuestros jóvenes (y nosotros, los no muy jóvenes ya): seguir a Jesús es seguir a su persona como tal, contemplar, pero también sentir lo que Él.
Hoy te felicito, a ti y a tus hermanas carmelitas, por haber dado santos tan fecundos como santa Teresa Benedicta de la Cruz, por la cual, desde que le conocí, siento una admiración muy grande. He leído algunas cosas, menos de las que quisiera, y me encanta ver cómo Dios le eligió a ella para que le encontrara de verdad, con el alma,después de buscarle con el raciocinio y el método científico.
Eso la hace muy cercana a nosotros, que vivimos rodeados e ciencia e intelecto. Cada vez hay más científicos de diversas ramas que reconocen la existencia de Dios sin sentir vergüenza o reparos humanos.
Espero que haya sido un día lindo para ustedes y que el Señor siga dando frutos a la Orden.
Un saludo fraterno en Cristo Jesús.